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LOS CUENTOS DE MIEDO: CONJURO CONTRA LOS TERRORES COTIDIANOS. Virginia Imaz Quijera.

El miedo del hombre ha inventado todos los cuentos”. León Felipe.

 miedo

Cuando narramos cuentos a un auditorio infantil, quienes contamos, nos confrontamos en algún momento de nuestra práctica, con la cuestión de la idoneidad de los relatos elegidos para cada edad, en relación al miedo. Es cierto que hay cuentos tradicionales como “Las asaduras”, “Piel de Asno”, o “La Casita de Chocolate”, por citar sólo algunos ejemplos, que invitan a viajes que pueden aterrorizarnos, ya que conjuran nuestro miedo a la muerte, a los abusos sexuales intrafamiliares, a que nos devoren o nos abandonen, entre otros temores… Precisamente por eso nos gustan y necesitamos oírlos o leerlos.

Los tiempos modernos adolecen de dos prejuicios bastante extendidos, en relación a la narración oral: por un lado, creer que los cuentos son sólo para la infancia, y por otro – y como consecuencia del primero – de un exceso de paternalismo. Hay que proteger a los niños y a las niñas de la angustia y el miedo que provocan algunos cuentos.

Los miedos infantiles, y los miedos adultos también, han existido desde siempre. Tradicionalmente no resultaba sorprendente que la gente adulta se divirtiera con estos miedos infantiles, jugaran a esconderse para que las criaturas creyeran estar perdidas, o les asustaran con el “coco” o “el hombre del saco”… para conseguir que les obedecieran. Afortunadamente, la educación ha cambiado mucho, y padres, madres, profesorado y personas cuidadoras, en general, preferimos no asustar a los niños y a las niñas. Cuando menos no nos mueve el sadismo. Sin embargo, los miedos infantiles aparecen incluso en la infancia más protegida, la más cuidadosamente mantenida fuera de peligros, de situaciones hostiles y de toda información traumatizante. ¿De dónde vienen entonces estos miedos?

Es conveniente recordar a este respecto, que el miedo es inherente al ser humano. De hecho, es una emoción primaria, fabulosa. El miedo es protector. Es un amigo. Estamos con vida, gracias a que nuestros ancestros y nuestras antepasadas tuvieron miedo – y sí, también rabia – cuando tocaba. El miedo les ayudó a tomar precauciones, les hizo esconderse o huir y todo ello les ayudó a sobrevivir, así que el miedo es una bendición. Una persona mamífera saludable, tiene entre 8 y 20 miedos potentes cada día… Eso dice la ciencia, al menos, aunque yo no llegue a adivinar cómo hacen para saber este tipo de cosas. Pero el hecho es que ante un cómputo de amenaza, real o imaginaria, latente o explícita, se activa en nuestro interior, este prodigioso mecanismo de defensa.

Así que todo el mundo tenemos miedos, todo el rato, a cualquier edad. Y necesitamos expresarlos. Ex/presar: sacar lo que está preso dentro. Pero, en esta cultura al menos, no tenemos permiso para expresar nuestras emociones biológicas. Ninguna. Aunque en esto, como en todo, exista también un sesgo de género importante y podamos consensuar que, históricamente, los hombres han padecido una mayor censura en la expresión del miedo en público y las mujeres en la expresión pública de la rabia.

La censura de todo tipo y muy particularmente, la censura emocional, nos envenena. Los miedos que no externalizamos, se quedan dentro y su toxicidad es tan alta, que cuando “protegemos” a los niños y a las niñas, de los cuentos de miedo, en realidad podríamos estar invitándoles a enfermar, dándoles la errónea impresión, de que la gente adulta no conocemos el miedo y de que si tienen miedo, hay algo que no está bien hecho en su interior, de que no son adecuados o adecuadas, por sentir lo que sienten. O al contrario, pueden detectar que tenemos tanto miedo al miedo, que necesitamos evitar su mención a toda costa. En ambos casos, la angustia está servida.

J. Held, siguiendo a Freud y a Piaget dice: “Existen temores que el niño busca, pues le dan seguridad. Así como el juego del escondite cura al niño del temor físico, así los cuentos lo curan de una angustia más compleja. Por ello, es beneficioso que un niño vea proyectados, en forma de ficción literaria, sus propios temores o angustias, pues los efectos de lo fantástico están siempre más en función de una atmósfera dada, que de los aparentes temas explícitos (no es lo mismo contar Caperucita con un tono serio que con un clima de humor) ”.

Esto nos lleva a otro aspecto de este tema: el miedo, más que del propio cuento depende de la actitud de quien narra y de la atmósfera que crea con su modo de narrar. En este sentido, a mi manera de ver, habría que trabajar, más incluso, en la manera de contar un cuento, que en la selección del mismo.
Por otra parte, la narración oral, habitualmente realizada en colectividad, trae los dones inmensos de poder escuchar en grupo. Lo que alivia enormemente la tensión, proporcionando compañía y refugio. Mientras que quien cuenta, con su voz, con su mirada, con su tono… puede ofrecer la seguridad necesaria para completar el viaje aunque asuste. Quien narra oficia de guía en ese periplo iniciático que constituye todo cuento poderoso. La parte pre-consciente de quien escucha sabe que puede confiar: quien conoce la historia regresó para contarlo…

En alguna rara ocasión, contando cuentos para la gente más menuda, algún niño o niña se ha puesto a llorar de miedo. La tentación por parte de la persona adulta que lo acompaña es llevárselo fuera, “salvarle” de sus emociones. Mi recomendación pedagógica, sería justo la contraria. Si tiene miedo, conviene que se quede a escuchar hasta el final del cuento, que complete el viaje. No hay nada peor que un miedo abierto, sin resolución sanadora. En ese momento, la persona que cuida puede tomar en sus brazos a la criatura, acariciarla, abrazarla, decirle con su piel que no está sola, que está a salvo, que todo acabará bien y acompañarle amorosamente en la escucha de la historia.

La pertinencia de contar cuentos de miedo se ha ido haciendo más y más patente en mi práctica como narradora. Mi experiencia es que, en la medida que las criaturas van creciendo, su demanda se hace más y más insistente: ¡Un cuento de miedo…! ¡Cuéntanos un cuento de miedo…! ¿Qué ocurre? ¿Acaso desean pasar miedo? En realidad lo que anhelan, lo que necesitamos todas las personas es liberarnos de él.

El miedo que conjura un cuento, es necesario para experimentar la realidad sin riesgos, para aprender a reconocer las bondades y los peligros del mundo. A través de los cuentos, una criatura se puede identificar con la o el protagonista, y siente, al empatizar una tensión y ansiedad crecientes que se liberan en el desenlace, incluso aunque éste no sea un final feliz. Luego, una vez conocido el cuento, a menudo le gusta oírlo una y otra vez, y la emoción siempre crece y se resuelve, aunque puede que con matices distintos. Es así como las personas vamos interiorizando los conflictos planteados en un cuento, y accediendo a las soluciones que ha ido encontrando el imaginario colectivo a lo largo de los tiempos. Tener acceso a situaciones imaginarias peligrosas o conflictivas y saber cómo “otra persona” las ha afrontado, constituye un inventario de instrucciones preciosas y precisas para la vida.

En mi opinión, hablar de cuentos de miedo sería además, una redundancia. Todos los cuentos lo son o deberían serlo. Un cuento es poderoso si conjura de manera rotunda alguno de nuestros temores. Desde que los seres humanos inventaran los primeros relatos orales de la historia hasta la actualidad, la literatura –oral o escrita– siempre ha estado ligada de forma implícita o explícita a nuestros miedos.

Escuchar y leer cuentos es un conjuro. El mejor antídoto que existe contra los diferentes miedos que tenemos: a crecer y a envejecer, a morir y a vivir, a ser diferente y también a ser como todo el mundo, a ser castrado o mutilada, a que nos devoren o nos abandonen; miedo a la ignorancia, al amor y al desamor, al caos, a la enfermedad o a la locura… En todas las culturas del mundo hay historias que nos hablan de personajes indefensos, perdidos, abandonados o asustados y de los depredadores y peligros que los acechan. Estos héroes, estas heroínas, son valientes no porque no tengan miedo, que lo tienen, sino porque teniéndolo, siguen adelante. La narración oral nace del miedo y actúa como un exorcismo.

La tradición oral nutre la cultura y la historia de los pueblos haciéndose eco de estos espantos que nos persiguen y agobian a través de las pesadillas que padecemos tanto en los sueños como en la vigilia. De hecho los cuentos hablan con el mismo lenguaje simbólico de los sueños. Vladimir Propp parece defender que el cuento de miedo, como tal cuento, nunca puede ser realista. Un cuento de miedo no supone, en realidad, más que un intento de recrear con fines catárquicos esos mundos oníricos con todo lo de estrambótico y siniestro que contienen. Y como con los sueños, los cuentos se acaban al “despertarse”.

Nacemos con miedo. Y los personajes monstruosos y las situaciones terroríficas de los cuentos tienen un papel indispensable en nuestro desarrollo: nos permiten dar forma a nuestras angustias, materializar nuestros desasosiegos y en consecuencia, librarnos de ellos. Siguiendo a Bruno Bettelheim, esto se debe a que en los cuentos, “toman cuerpo de forma simbólica los fenómenos psicológicos internos”.

En la misma dirección, el célebre escritor estadounidense de terror, Stephen King, en su largo estudio “Danza macabra” comparte: « ¿Por qué motivo van a sacarse de la nada cosas horribles, cuando hay tanto horror real en el mundo? La respuesta parece ser que inventamos horrores para ayudar a hacer frente a los reales. ”
Ahora bien, no hay dos criaturas iguales. Algunas son más impresionables que otras. El terreno emocional previo sobre el que sembramos un cuento varía enormemente de una criatura a otra y en ocasiones puede desvelar alguna patología. Cuando el miedo que el cuento conjura, no ha podido actuar de estímulo y organizador de la psique del niño o de la niña, la situación puede revertirse en un daño que precise de ayuda especializada. Aunque los cuentos ayudan a distinguir entre la realidad y la ficción, algunas criaturas tienen enormes dificultades para realizar este proceso y pueden sumergirse tanto en la falta de conciencia de un peligro real como en la angustia de amenazas sin fin y por doquier.

Así que como narradora estoy muy interesada en conocer estos límites, en ofrecer un entorno seguro con finales sanadores y, sobre todo, en acertar con el miedo correspondiente a cada edad y si me es posible, a cada grupo humano.

Siguiendo a Lowen, el divulgador de la bioenergética, y aunque a lo largo de la vida, estos miedos se manifiestan de manera diferente, en graduación, matices y motivos parece que los seres humanos experimentamos cinco tipos de miedos fundamentales:

1) Miedo a ser aniquilados/as, a nuestra destrucción e diversos niveles. Miedo a la muerte.
2) Miedo a ser aplastados/as. Simbólicamente cuando la gente que nos cuida, nos quiere mucho, pero nos exige mucho.
3) Miedo a ser castrados/as, estos es, no sólo físicamente, también a nivel emocional cuando nos sentimos limitados/as en alguna parcela de desarrollo personal.
4) Miedo a ser abandonados/as por la gente querida y que ha de cuidarnos. Miedo a perdernos. Miedo a perder a quienes amamos.
5) Miedo a ser manipulados/as, a sentirnos obligados/as a hacer algo que no haríamos por propia voluntad.

Yo he ido encontrado, según las edades, momentos de eclosión específicos de estos miedos que aunque nos acompañan a lo largo de la vida, se manifiestan de manera diferente, en graduación, matices y motivos. Por ejemplo, en la infancia temprana, el miedo a la pérdida de lo que sustenta la vida, a la desaparición de la figura de apego, a menudo la madre, a la separación, alteraciones drásticas en el entorno: ruidos inesperados, cambios bruscos en la luz, a la gente o los lugares desconocidos…

Más adelante el miedo a la separación se concreta en el miedo a perderse o a que nos abandonen, a estar solo, el miedo a la oscuridad.

Y también está extraordinariamente activo, el miedo a ser devorado o devorada. La gente adulta nos acercamos a las criaturas de 3 a 5 años a menudo diciéndoles: ¡Ven que te de un mordisquito…! Uy… es que te voy a comer a besos… Los niños y las niñas se ríen ante nuestras expresiones de afecto, pero seguramente se preguntan qué pasaría en época de carestía, mientras que se les activa el miedo ancestral de la humanidad de ser devorada. Si además, de repente, a una señora del entorno o a la propia madre se le pone una barriga enorme y cuando la criatura pregunta qué le pasa, le decimos que tiene un bebe dentro, la ansiedad se dispara. Los seres humanos hemos servido como comida para un montón de depredadores, incluidos otros seres humanos y nos lo hemos comido casi todo en la cadena alimentaria. Nuestras memorias antiguas necesitan de cuentos como Los siete cabritillos y el lobo, La Caperucita Roja o los Tres Cerditos, etc… verdaderos bestsellers de la oralidad.

Aparecen también, progresivamente, los miedos a los monstruos, a los depredadores de toda índole porque el miedo a que nos devoren es además un miedo que puede darse en varios niveles. No sólo el físico. También cuando nos sobreprotegen, “devoran” nuestros intentos en pos de la conquista de autonomía. O en el nivel emocional ser devorado/a pasaría por tener miedo a que la figura de apego se enfade y a perder su amor. Estos miedos, en relación a perder el amor o aceptación de quien amamos y a ser o no capaces de algo, en la conquista progresiva de autonomía, nos acompañan toda la vida, pero a veces regresan con una fuerza inusitada, en la adolescencia.

Con la conquista de autonomía se va ampliando el mundo. En casa se percibe el impacto relacional que tienen los demás hermanos y hermanas. Y en el colegio hay que aprender a aceptar que sólo somos uno más. Uno o una más entre iguales muy diferentes. Muchos miedos típicos surgen en este momento como consecuencia de los sentimientos de celos y rivalidad: miedo a los ladrones, a secuestradores, a que les pase algo a los seres queridos o a una misma.

También se presentan los miedos que surgen, de nuestra falta de competencia emocional o relacional, a la hora de establecer y mantener los vínculos afectivos.

Según vamos creciendo la predilección se orienta por los temas tabú ( lo escatológico, el sexo y la muerte principalmente), por las transgresiones así como el miedo provocado por lo inesperado amenazante y por todo aquello que no sigue las leyes físicas. Y por supuesto, se va acumulando el terror que provoca el recuerdo de experiencias traumáticas. Y esto sólo por citar algunos ejemplos.

A modo de conclusión: El miedo cumple una función evolutiva y está al servicio de la vida. Es “buena gente” y los cuentos de miedo nos ayudan en todo tipo de tránsitos vitales. Y aunque los cuentos puedan ser el detonante, no son realmente los que “dan” miedo. El miedo ya está. Ya estaba. El cuento sólo lo destapa para que podamos enfrentarnos a él, sin riesgos, en el entorno protegido que ha constituido, desde el comienzo de los tiempos, el fértil imaginario colectivo.

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Veterocuentos

NOTA:

Durante los años 50 y 60 del pasado siglo algunas emisoras de radio -y también algunos sellos discográficos- grabaron bastantes cuentos infantiles, que se emitían todas las tardes a la hora de la merienda. La llegada de la televisión suspendió de modo bastante brusco toda aquella producción y la mandó al baúl de los olvidos. Hoy día es casi imposible encontrar aquellas versiones de cuentos clásicos ni en los comercios ni en la red.

Sin duda, la más importante serie de cuentos fue grabada por el Cuadro de Actores de Radio Madrid, con la dirección de Boliche y las voces míticas de Vicente Marco (Narrador), Matilde Conesa, Matilde Vilariño, Pedro Pablo Ayuso, etc. También la Compañía del Gramófono Odeón produjo una excelente serie. Veterodoxia ha decidido crear un lugar especial para este repertorio casi olvidado con la seguridad de que resultará interesante y agradable tanto a los que merendaron pan y chocolate escuchando estas grabaciones, como a los que jamás han oído hablar de ellas.

Veterodoxia es consciente de que estas grabaciones todavía están sujetas a derechos, pero quiere hacer notar algo que las distingue de otros productos culturales.

1) Resulta completamente imposible conseguir estos cuentos ni pagando ni pirateando.

2) Los dueños de los derechos se han olvidado del producto hasta tal punto que en los archivos de las entidades que los produjeron apenas se conservan unas pocas de aquellas grabaciones. Según cálculos fiables, el Cuadro de Actores de Radio Madrid grabó casi un centenar de cuentos.

Por tanto, Veterodoxia cree cometer un acto de justicia histórica sacando del olvido, el menos, una pequeña muestra de aquel (no tan) viejo repertorio. Comenzaremos con varios cuentos de asunto musical. Después iremos añadiendo otros según nos lleguen las peticiones o la inspiración.

El burro flautista

La cigarra y la hormiga

El flautista de Hamelin

Los músicos improvisados

El-musico-prodigioso

El-musico-prodigioso

La gallina Marcelina

El asno cojito

La Princesa Soporífera
Tomás de Iriarte

El enano saltarín

La princesa y el rano

El Doctor Sabelotodo

Amado Nervo: El ángel caído – 1

Amado Nervo: El ángel caído – 2

Periquito Tragapepes

El mono titiritero

Carasucia

Carasucia-Lucerito_+

En 1933 la Compañía del Gramófono S.A.E., filial española de la inglesa The Gramophone Company, absorbió a la Société Française Odéon, dando lugar al nacimiento de la Compañía del Gramófono-Odeón S.A.E., que tuvo su sede en la calle Urgell 234 de Barcelona. Inmediatamente después de la guerra civil, en la década de 1940, la nueva compañía comenzó a grabar cuentos infantiles en discos de bakelita de 78 rpm, que más tarde (no antes de 1952) serían reeditados en microsurcos de vinilo de 45 y 33 rpm.

En los créditos de los discos de esta serie aparece como responsable de la “Selección de voces, efectos sonoros y orquesta” José Casas Augé, aunque no queda claro si la partitura orquestal es suya. Véase la carátula de Garbancito:

Josep Casas i Augé (1913-1988) fue un precoz y prolífico compositor de canciones y música de entretenimiento, por lo que parece lógico que, además de dirigir la orquesta y encargarse de otras tareas de la producción, fuera también compositor de las partituras. Sin embargo, en registros de la Biblioteca Nacional figura el gerundense Rafael Ferrer i Fitó (1911-1988) como “adaptador” de la música y en la minuciosa ficha de la Wikipedia catalana se dice que “habitualment, la música era de Joan Morera i Vilella”.

Tampoco queda claro quién es reponsable del texto. Música y texto están coordinados de modo magistral al estilo del viejo género músico-dramático conocido como melólogo. Como narrador figura el asturiano José María Ovies (1903-1965), un mito entre los actores de doblaje, porque, entre otros, puso voz a Spencer Tracy, Walter Pidgeon, James Mason y, sobre todo, Groucho Marx. Su intervención más conocida en la historia del cine es una famosa frase de Una noche en la ópera: Cláusula primera del contrato

Los Veterocuentos de Veterodoxia se honran en ofrecer a sus fieles seguidores una muestra del buen hacer de aquel equipo del sello Odeón. Es una grabación que actualmente no se puede conseguir ni pagando ni pirateando. Se trata de Garbancito, un cuento tradicional muy difundido en Cataluña, aunque presente también en otras regiones. Ofrecemos la versión en castellano, primera que se grabó, aunque años más tarde Odeón publicó también la versión catalana.

Garbancito

En los viejos tiempos del vinilo los discos tenían dos caras, como muchas personas. Por eso el pobre Garbancito está aquí un poco solito. Pongamos a su lado la ejemplar historia del Gallo Kiriko, que en más de una edición fue cara B de Garbancito. La música no resulta, en mi opinión, tan interesante, pero la realización es igualmente impecable y se debe a los mismos intérpretes.

El Gallo Kiriko

La recuperación de las grabaciones conservadas en discos de 78 rpm. es siempre más problemática que las incisas en vinilos de 33 o 45 rpm., como se podrá comprobar en esta grabación de 1940 del clásico Flautista de Hamelin.

El flautista de Hamelin

Odeón no se limitó a reeditar los cuentos de su archivo con la aparición del microsurco. En algunos casos hizo nuevas versiones conservando materiales de las antiguas, pero la desaparición de la maravillosa voz de José María Ovies se hace notar. Veterodoxia prefiere poner aquí, por ejemplo, el famoso cuento de Las mil y una noches titulado Alí-Babá y los cuarenta ladrones en la versión recuperada de discos de pizarra, con la narración de J. Mª Ovies, aunque no se ha podido limpiar mejor, dado el lamentable estado de la copia. Existe una versión posterior, con una voz femenina en la narración, muy pulcra y digna por lo demás, pero con menos poder evocador que la antigua.

Alí Babá y los cuarenta ladrones

Un clásico: Pulgarcito en la versión de Perrault, aunque con bastantes retoques en el guión. La digitalización procede de un disco en bastante mal estado.

Caperucita+Pulgarcito_Odeon

Caperucita_Odeon

Pulgarcito_Odeon

Odeon_La-isla-del-tesoro

Odeon_La-isla-del-tesoro

Basado en la obra inmortal de Robert Louis Stevenson

Gorrioncete o El gorrión que no quería estudiar

Narración original de Carlos Guillermo Domínguez

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Hay desde hace 21 años un lugar en Logroño donde habita la palabra dicha: ” La luna .

Edición 21 de Los Cuentos de la Luna / Temporada 2
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AHOZ AHO 2014. ¡Una cita a no perderse!

En estos días está teniendo lugar el Festival de narración oral  Ahoz Aho en Ordizia y Tolosa. ¡ No os lo perdaís…!

 

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DONOSTI : TALLER DE (RE)CREACIÓN DE UN REPERTORIO DE CUENTOS.

La prórroga del curso de autor ” Y que tenga de repente ”  en Ernest Lluch no salió adelante porque no había suficiente gente apuntada y también había problemas para cuadrar agenda con algunas fechas, en el espacio de la casa de cultura. Pero gracias a la voluntad y a la perseverancia de algunas de las personas asistentes a este  curso,  se han organizado unas sesiones  en Donosti, en otro espacio, para poder proseguir con la formación. Este taller esta abierto tanto a las personas que ya han realizado antes una formación previa en el arte de contar cuentos con Virginia Imaz y desean continuar este proceso formativo con la (re)recreación de un repertorio propio de cuentos, como a aquellas que deseen iniciarse en la metodología de Oihulari Klown para contar un cuento de viva voz.

La cita será los lunes de 16:00h a 18:30h. comenzando el día 24 Marzo 2014.

El calendario previsto es 24Marzo   31Marzo   19Mayo   26Mayo   2Junio   9Junio y 16 de junio.

El precio es de 100 euros.

Lugar :   Local sociedad en amara: Calle Isabel II nº 15 bajo

Más información e inscripciones: ana.ramila@gmail.com ( Ana Ramila )

 

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TALLER PERMANENTE DE NARRACIÓN ORAL 16 DE MARZO EN ANTZUOLA

Virginia Narradora 6538

A cargo de Virginia Imaz.

El domingo 16 de marzo de 2014.

De 10:00h. a 20:00h.

En el caserío Laskurainaundi de Antzuola (Gipuzkoa)

Inversión: 75 euros (comida incluída).

Dirigido: a personas que aman escuchar, contar o escribir cuentos. Tanto a aquellas que no tengan ninguna experiencia previa, como a aquellas que sí la tengan. Nuestro objetivo es compartir la metodología que llevamos utilizando alrededor de 30 años, en la compañía de teatro Oihulari Klown, para preparar un cuento para ser contado oralmente. Y acompañar a las personas que ya conocen esta metodología en la (re)creación de un repertorio propio.

Más información e inscripciones:

formación@oihulariklown.org

943 769790 / 607204503

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