LA RESPIRACIÓN DE LOS CUENTOS

Entre las personas que cuentan historias, hasta ahora, no he conocido a ninguna que cuestione la importancia de la respiración en este oficio nuestro. Pero cuando se habla de ello, es casi inevitable asociar esta reflexión al tiempo justo antes de la contada: cuando te encuentras en capilla, llena de nervios. En esos momentos las técnicas de relajación que hayamos podido aprender pasan de una manera u otra por la respiración. No voy a detenerme aquí, precisamente porque la mayoría hemos experimentado ampliamente sus beneficios. La cuestión es que la respiración no es sólo importante antes de contar, es fundamental también durante.

 En los tiempos que corren ( y estos tiempos corren no caminan ) a la humanidad que no nos mata el hambre nos está matando la prisa. Hay que hacerlo todo corriendo: trabajar, alimentarse, amar, soñar… Todo a la carrera. Nuestro ciclo de respiración es cada vez más corto. Nos llega menos oxígeno al cerebro. Nos llega menos a todo el cuerpo. Nos enfermamos de puro estrés. La sabiduría popular lo manifiesta en algunas de las expresiones que utilizamos como: No tengo tiempo ni para respirar. Estoy asfixiada de trabajo. Esta relación me ahoga. Necesito un respiro. Etc. Así que una contada se constituye, hoy por hoy ,en una de las ocasiones, cada vez más infrecuentes, donde es posible respirar y dar(se) un respiro parece una cuestión de emergencia.

Con el “érase una vez” y otras fórmulas rituales de la narración oral,`se puede parar el tiempo por un rato. Cuando menos, el tiempo cotidiano e instaurar un tiempo afectivo, mítico, mágico, que se sustenta en el aliento compartido de quien narra y quien escucha. Porque el auditorio, siempre acaba respirando como quien cuenta.

Si cuando narras, respiras profundamente, el público sentirá cómo se calma su respiración. Si jadeas, el público sentirá tu miedo o tu placer. Si suspiras, tu aliento tendrá su nostalgia. Esto es la catarsis: recibir y dar el soplo vital. Compartir el aliento. Cuando no somos capaces de compartirlo y bloqueamos la respiración, por miedos, por censuras, por afectación o autoimportancia…el público se ahoga y como no quiere morirse asfixiado, se cierra en banda. Todo el mundo se siente solo, desconectado entonces. Este oficio es de una gran responsabilidad, sí. Pero es también de un gran placer. Seguro que la mayoría, entre nuestras contadas tenemos en inventario tanto la experiencia del éxtasis como la de querer morirnos. Y es que algunas veces el público en realidad no está como para que le cuenten. Y otras veces, quienes narramos, no estamos como para contar. No siempre podemos oficiar de canal.

Aquí, pido disculpas por ponerme un poco zen sin previo aviso pero es que para mí la escena es sobre todo una ocasión para el trance. Cuando cogemos aire, al inspirar, recibimos los dones de la vida. Nos respiramos. Sentimos nuestras fortalezas y nuestras vulnerabilidades, el espacio que nos rodea, la humedad, la temperatura, la luz y los colores. Junto con el oxígeno, respiramos a las personas que han venido a oírnos. Cuando inspiramos, escuchamos lo que nos dicen sin palabras. Escuchamos sus miradas, sus manos, su aliento cargado de emociones… También respiramos la memoria colectiva, la inspiración de quienes nos han precedido y de quienes nos acompañan. Nos enraizamos en el aquí y en el ahora.

Y cuando soltamos el aire, al expirar, damos nuestro soplo vital. Y entonces además de contar una historia, nos contamos. Devolvemos en parte a la vida lo que hemos recibido. Nuestro aliento, sedimentado por el imaginario colectivo, está ahora compuesto también del aliento de todas las personas presentes. Somos uno. Nos crecen alas. Volamos. Cuando la cosa va, estar en escena tiene una naturaleza orgásmica. Hay quien dice salir a contar para dar al público una hermosa historia. Yo misma he padecido esta autoimportancia. De la misma manera que no se puede exhalar el aire si no se ha inspirado previamente, no se puede contar si antes no se escucha ( el público, el espacio, el propio soplo vital, otras historias…) Bueno, se puede, pero aunque técnicamente sea impecable, no nos conmueve.

Hay también quien dice cuando va a contar que va a enfrentarse con el público. Eso tiene que darle miedo a cualquiera. Y el miedo está bien. Protege. Pero bloquea nuestra respiración y nos paraliza para que no nos pongamos en riesgo. A veces nos protege demasiado porque no es lo mismo ponerse frente a, que enfrentarse. ¿Cómo voy a oficiar de canal si voy a contar habitada por la metáfora de una pelea? Convendría que nos preguntáramos quizás qué tememos antes de empezar a contar. Si tenemos miedo, por ejemplo, de quedarnos en blanco, deberíamos recordar que la memoria con la que se trabaja en la narración oral, es con la memoria del corazón, no con la memoria de la cabeza. Se trata de hacer una historia tan tuya, que tenga tu aliento cuando la cuentas. De la misma forma, que sabemos perfectamente cómo fue nuestra primera vez y podemos contarlo de mil maneras diferentes según y a quién se lo contemos, con las historias ajenas, se trata de hacerlas tan tuyas, que tengan tu aliento cuando las cuentas. Por eso no nos desestabiliza una palabra que no viene a nuestra memoria en un momento determinado.

Por eso, ya no temo los plagios ni las copias de mis cuentos o de mis versiones, porque el aliento que yo les doy es inimitable. Es cierto que yo no puedo contar como nadie, ni siquiera como cuentistas que admiro profundamente. Pero también es cierto que nadie puede contar como yo. El aliento, el soplo vital hace de cada narrador o narradora una persona única con una forma de narrar genuina.

Cuando no cogemos todo el aire que necesitamos, por no molestar, porque no creemos merecerlo o por otros pensamientos limitantes, el público también bloquea su respiración y en consecuencia su respuesta. Si además me empeño en exhalar un aire que no he cogido, me ahogo y me vacío. Tengo la vivencia de que contar es un terrible esfuerzo. Si, por el contrario, cogemos mucho aire y no nos atrevemos a soltarlo, la tensión con el pecho inflado, como si no cupiéramos dentro de nuestro propio cuerpo nos desconecta también del público y se lee como afectación y pretenciosidad. Si nos asusta dar nuestro soplo vital, es porque a veces no nos amamos lo bastante, y tememos no gustarle a la gente cuando nos conozca de verdad. Quizás lo que damos, no sea necesariamente puro ni bello ni siquiera políticamente correcto en ocasiones. Pero no tiene por qué serlo. Para oficiar de canal, basta con que lo que creemos que somos estorbe lo menos posible a lo que somos en esencia. Realmente tanto si respiras, como si no, el público hará exactamente lo mismo. Y para mí éste es casi todo el misterio.

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6 respuestas a LA RESPIRACIÓN DE LOS CUENTOS

  1. Carlets dijo:

    Precioso artículo, comparto sus ideas, la respiración nos humaniza, nos acerca a nuestra madre tierra y allí brolla un rico lenguaje universal para todo ser vivo.
    Supongo que por todo ello los plagios no importan pues fàcil serà copiar “la capa”, “la fachada”, más complejo el interior “la respiración”. Aunque si plagiando se consigue también la parte interior perfecto, pues habrá ayado la autenticidad para aplicar en su dia a dia y para compartir.

  2. Comparto tus palabras, me vienen genial en este espacio de mi vida en el cuál me estaba ahogando. Soy narradora oral, y últimamente estoy siempre afónica, me lleva una hora todos los días completar los ejercicios del logopeda Soy nerviosa y apasionada a la hora de hablar, una explosión a mis cuerdas vocales. Pero me encanta hacerlo, miro los ojos de las personas que están ahí mirándome, me llena y me acoge de forma plena. Mi forma de contar cuentos es mía y nadie lo hace igual que yo, al igual que somos únicos en el mundo. Gracias por compartir con nosotros tu post. Un saludo.

    • virginiaimaz dijo:

      Mil gracias Pilar. ¿ Nos conocemos en persona ? Me encantaría escucharte contar. ¿ Por qué zona te mueves ? ¿ Sueles ir a la Maratón de cuentos de Guadalajara ? Yo acostumbro a ir y este año también tengo intención de ir. Si tu te acercas,podemos tomar algo y en mi caso escucharte contar. Mil gracias.

    • virginiaimaz dijo:

      Gracias a tí por leerme y por tu comentario. Espero que encuentres tus momentos de respiro. Un abrazo del alma… Vir.

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